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miércoles, 6 de febrero de 2019

INCOMPETENCIAS PARA DETECTAR COMPETENCIAS

Las Administraciones públicas estamos sometidas a los cambios sociales y a las continuas adaptaciones de leyes, normas, procedimientos, herramientas,... es por ello que cada vez se hace más necesario ser ágil y rápido a la vez que eficiente y efectivo.
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La demanda de cambios provoca que muchas de las personas que trabajan en entes públicas se vean en la brecha digital que cada vez el avance es más rápido y los cambios apuntan a modificaciones de procesos anclados y fuertemente arraigados en costumbres. La adaptación a los cambios en compleja a medida que la edad de la población empleada pública aumenta. Hay pues, mayor reticencia a los cambios a medida que se cumplen años y no existe motivación por los cambios y la innovación.
Desde el marco formativo, el primer abordaje es detectar las necesidades formativas para que se tengan las herramientas y predisposición necesarias para abordar nuevas estrategias y procesos, garantizando así la adecuación a la realidad de la nueva administración.
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Necesitamos tener el conocimiento de dónde se producen las necesidades, a cuántas personas afecta y qué perfil profesional tienen, si esta necesidad es inmediata o es a más largo plazo, qué tipo de formación necesita (curso, taller, COPs, píldoras,...), su modalidad presencial, on line o mixta,...
Así pues, el modelo de aprendizaje nos lleva a conocer las competencias personales y profesionales necesarias para equilibrar las competencias que requiere el puesto que se ocupe.
Esto es, una balanza que tiende al equilibrio; si la balanza no llega al punto óptimo algo tendremos que hacer para ello.
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El lector o lectora pensará, ¿y si nos pasamos? ¿Y si la persona tiene competencias de sobra?... evidentemente es un caso que beneficia al puesto que ocupe, pero perjudica a la persona trabajadora, desaprovechando sus cualidades que puede realizar tareas de superior rango. a largo plazo estaremos ante una situación de riesgo psicosocial ya que no se valora la competencia de esta persona.
Es interesante que el conocimiento esté interconectado con las diferentes entidades públicas para poner en común las experiencias que den con la fórmula más efectiva para que los procesos de enseñanza y aprendizaje actúen y sean canales que lleven a conseguir un empleado o empleada competente con las tareas que debe realizar y sepa afrontar los retos de la evolución de la administración.
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En las distintas jefaturas de las unidades administrativas se debe producir un alto en el camino y pararse a pensar en los puestos de trabajo y las personas que hay trabajando en ellos. Qué necesita el puesto y qué necesita la persona; sabiendo previamente qué tiene el puesto y qué tiene la persona. Pongamos por ejemplo un puesto de auxiliar administrativo en un servicio con atención al público ocupado por una persona que viene ocupándolo más de 30 años de manera continuada, le quedan pocos años para despedirse de la vida laboral y es reticente a realizar cambios en su programática tarea diaria, con un procedimiento anclado en le pasado en el que solía timbrar cartas en papel, escribir a máquina mecánica con su papel de carbón para las copias necesarias,  cursar los escritos a través de otra persona que los recoje y los lleva en mano a su destinatario,... poco a poco ha ido adquiriendo habilidades básicas en el manejo de un ordenador y a realizar sencillas tareas con el procesador de texto y el envío a impresora, con uso rudimentario del correo electrónico,... Pero el brutal cambio al paradigma actual (la obligación que impone nuestra querida ley 39/2015 y consecuencias tecnológicas) puede provocar que nuestro fiel empleado de más de 30 años se derrumbe en un mar de dudas e insatisfacciones ante la avalancha electrónica que todos y todas estamos usando ya (o al menos, para ser optimistas, estamos preparados a usar).

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El cambio competencial debe ser rápido y ágil pues el puesto debe dotarse tecnológicamente (máquina de escribir por ordenador conectado a internet e intranet propia, con las herramientas de software necesario para firma electrónica, correo,...) y la persona (¿la cambiamos por otra? Noooo) la dotamos de la formación necesaria para el cambio analizando sus competencias actuales y las que necesite para los requerimientos del nuevo puesto (nuevo porque la transformación provoca que los procedimientos cambien brutalmente).

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Es por todo lo expuesto en esta parrafada (lo siento, era necesario) que debemos hablar de un análisis de competencias y no de un listado de cursos como habitual y tradicionalmente se viene produciendo.
Existen herramientas que ayudan a realizar este análisis de competencias, tan solo mostrar una muy fácil y sencilla: una matriz DAFO.

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A casi todos y todas les suena, pero son poquitos los que saben usarla y la usan.
Un ejemplo claro para aprender a saber qué es esto es la propuesta EDUPILLS , que en poco tiempo aprenderemos sobre esta técnica ya que tiene un píldora informativa específica sobre la matriz DAFO (entre otras muchas píldoras interesantes). Perteneciente al INTEFF (Instituto Nacional de Tecnologías educativas y de Formación del Profesorado).
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Queremos conocer qué sabe hacer, cuánto sabe, por qué lo sabe,cómo lo aplica y cómo se comporta en su puesto de trabajo; todo ello dimensionado para escalarlo. Esto nos llevaría a conocer la tan temida evaluación del desempeño (nadie quiere ponerle el cascabel al gato). Para ello tenemos que asegurarnos que tenga validez, autenticidad, suficiencia, justicia y aceptación de los resultados para que se produzca el cambio. Es complejo pero no imposible.

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Todo este proceso nos debe llevar a elaborar prioridades para secuenciar los aprendizajes, estructurando la enseñanza para ofrecer la mejor asimilación.
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martes, 14 de marzo de 2017

SER INNOVADOR

Desde hace muchos años mi idea de una administración no pasaba por tener una rigidez impuesta acerca de la forma de hacer las cosas; sin salirme de lo legalmente establecido, notaba que la manera de abordar el día a día podía ser distinto.
No me servía la expresión: "Se hace así porque se hace desde siempre" o "como nos ha ido bien no hemos cambiado nada", sin llegar a analizar ese "nos ha ido bien"; yo intentaba buscar, sobre todo, el ahorro de tiempo en la mecanización de las tareas administrativas y de proyectos.
Siempre he dedicado un pequeño tiempo de mi jornada en la búsqueda de nuevas formas de hacer las cosas, de nuevos modelos de acción, de nuevos diseños,..
En la creencia de aportar un soplo fresco y algún mecanismo que acomode una jornada de trabajo, he ido desarrollando la mía, cumpliendo con mis obligaciones laborales, al tiempo que investigaba nuevas formas de hacer.
Y en esa búsqueda me topé con la INNOVACIÓN, con la manera de ir transformando la administración en una ventana abierta para que entre todos se produzca la construcción de un nuevo pensamiento más cercano a la ciudadanía.
De esta manera me interesé por estos temas y firmé el compromiso del innovador:


Como innovador en las AA.PP,
Me comprometo:
A creer que una administración mejor es posible y no rendirme nunca en la demanda de mejoras y cambio
A fomentar la transferencia de conocimiento, la cultura de cambio y la innovación abierta
A promover la eficiencia y los principios éticos
A mantener una actitud de aprendizaje continuo, beta permanente, dispuesto al cambio y no cerrarme a nuevas oportunidades, abriendo ventanas dónde me encuentre puertas cerradas
A colaborar e interoperar, a forjar conexiones con todos aprovechando sus potencialidades y buscar y apoyar a aquellos que compartan estos compromisos
 
En el trabajo
Me comprometo:
A implicarme en las nuevas iniciativas, conseguir objetivos y a aceptar el fracaso
A analizar cada situación como si fuera nueva huyendo del “siempre se hizo así”
A integrar el capital intelectual disperso alrededor de nuevos proyectos
A no condicionarme por políticas o jerarquías y trabajar por aquello en lo que creo
A formarme y buscar la excelencia 
Con el equipo
Me comprometo:
A potenciar la creatividad y estar abierto a nuevas propuestas
A fomentar un entorno participativo y la implicación del equipo
A escuchar, compartir y delegar, a generar confianza y a confiar
A fomentar el gusto por el trabajo bien hecho
A motivar, a formar e informar
 
Con la administración
Me comprometo:
A poner en práctica los valores de lo público: equidad, servicio, transparencia y colaboración tanto hacia adentro como hacia afuera
A hacerlo de forma simple, rápida y ubicua
A trabajar con criterios de legalidad, transparencia, eficiencia en el gasto y solidaridad
A mantenerme formado y a pedir y dar ejemplo de excelencia en el trabajo
A prestigiar y humanizar mi administración, mejorar su valoración por los ciudadanos y trabajar por sus objetivos
 
Con los ciudadanos
Me comprometo:
A situar al ciudadano en el centro de mi actividad profesional
A escucharle fomentando los canales de participación y comunicación
A buscar y apoyar las mejores soluciones, facilitando su acceso a los servicios públicos
A hacerles participes, coautores y corresponsables del diseño y prestación de los servicios públicos
A tratar a cada persona como individualidad, con ética pública, transparencia y agilidad

Creo que es algo que he ido haciendo desde siempre, que este compromiso no es más que un decálogo ya asimilado, pero expresado por escrito y listado; para mí es fácil asumirlo ya que nace de una lógica que el tiempo ha madurado y mecanizado.
Lo dejo aquí para que haga su labor de análisis por parte de todas aquellas personas que trabajan con personas o para las personas (la administración la formamos personas, y los cambios se producen en ellas, si no hay cambio, no hay avance).




martes, 12 de noviembre de 2013

TUTORIZACIÓN LABORAL

Hace poco me encargaron la tutorización de dos alumnas que realizan actualmente su periodo de prácticas en empresas.
Se firma un contrato y se establecen las claúsulas para que el proceso llegue a buen puerto.

El dilema es que cuando vienen personas ajenas a la empresa, y son de prácticas, qué trabajo hacen, ¿Se integran a la plantilla y funcionan como uno más? ¿se les asigna trabajos de "bajo nivel" y "alto rendimiento" para aliviar la presión de la carga de trabajo actual?. ¿Se asignan tareas en función de su currículum de los estudios y se le forma sobre los aspectos laborales que sean interesantes para su aprendizaje?.

Creo que esto último es la esencia de unas buenas prácticas. Me he visto en un dilema, pues me han sometido a la presión de asignar otras tareas a estas dos chicas y ser criticado por "perder el tiempo" en enseñarles el funcionamiento interno de la empresa, aspecto que considero muy importante para el posterior desarrollo de sus futuros profesionales.

Que tengan una visión general del mundo laboral, que vivan y experimenten con una realidad adaptada a sus conocimientos académicos, que investiguen o descubran cómo se realizan determinadas tareas sin ofrecer la solución inmediata (aprendizajes significativos y teoría cognitiva del aprendizaje). Todo esto es pura demagogia cuando el interés es "sacar el trabajo adelante, que tenemos bulla".

Al final, intento que se conjuguen mis impresiones sobre lo que deben ser unas buenas prácticas empresariales con una realidad sobre las necesidades laborales que se deben cubrir con contratos de trabajo, y no con alumnado becario.

Afortunadamente, Desirée y Sara son dos excelentes estudiantes y becarias que ponen todo su ímpetu en el desarrollo del trabajo y, como la que más, como si formaran parte de la empresa, trabajan.



miércoles, 19 de mayo de 2010

Sobre la evaluación en formación


Actualmente estoy realizando un curso sobre la gestión en formación continua, impartido on line por el INAP. Entre los muchos aspectos del proceso formativo, en el foro del curso, se trata la evaluación: la hermana pequeña del proceso, según se comenta en este foro.
La evaluación es una parte de una máquina que compromete al funcionamiento de ésta si se prescinde de esta parte. El sistema formativo no funciona si la evaluación no se realiza o se realiza mal.
Evaluar es medir, conocer a partir de resultados cómo ha funcionado el proceso, pero la cuestión es: medir, qué? y sobre todo: desde dónde hasta dónde?. Algunos evalúan cómo ha sido de agradable o desagradable un curso pasándole al alumnado una encuesta de valoración con unos items sacados de un patrón de otra entidad.
Pienso realmente que la evaluación debe estar presente en cada paso que se da, de eta forma se produce el feed-back necesario para que puedan corregirse aspectos o simplemente que sepamos que todo marcha bien.
Los procedimientos pueden ser mejorados sobre la marcha, se trata de una evaluación continua, no sólo de la ejecución deun curso, si no de todo el sistema de gestión, administración, selección, implantación y ejecución de acciones formativas.
Al final del proceso se hace una evaluación final, más bien se trata de una reflexión sobre el conjunto de actuaciones, mirando cada parte de esa máquina y analizando, se trata de un proceso de análisis - síntesis, todo el proceso formativo. Esta evaluación final, sumativa, debe ser el resultado de la evolución de todo el sistema y plasmar, a través de diversas herramientas de recogida de datos, una visión globalizadora.
Por si no ha quedado claro: evaluar la formación continua NO es pasar un cuestionario al final de cada curso, hacer unas gráficas y decir que tal o cual curso ha ido bien o mal. Por que estamos viendo sólo un árbol del bosque.